31 enero 2012

FUNERAL

Un trueno se oyó a lo lejos y muchos de los asistentes levantaron un momento su pose de mirada lánguida y se miraron unos a otros con complicidad incómoda. No llovía aún, pero con ese cielo gris ceniza a buen seguro que no tardaría en desatarse la tormenta que llevaba amenazando desde hacía un par de horas. Si aquel hombre de Dios no terminaba pronto de dar el sermón el entierro iba a estar pasado por agua.