Llevaba casi diez años trabajando para la policía en casos de snuff movies y pornografía infantil. Primero como becario, catalogando archivos y mejorando digitalmente la visualización de las cintas. Ese primer trabajo le supuso tener que revisar fotograma a fotograma centenares de películas brutales en busca de la más mínima pista que permitiera identificar, por un lado a la destrozada víctima, y por el otro a sus asesinos o torturadores.