18 junio 2009

THE JOURNEY OF THE SORCERER

Brad había encontrado un hueco en su ajetreada agenda de ensayos para poder tocar un poco la guitarra. Aquello le relajaba casi tanto como repetir el doble lift automáticamente hasta el agotamiento. Le gustaba la magia, le apasionaba, era su vida, pero de vez en cuando debía descansar incluso de sí mismo.
Bradley Cashbal, el mago, era joven pero estaba cansado. Apenas llegaba a cumplir cien años y el peso de su carrera le pedía momentos de relax como aquel: Una guitarra, el cómodo sillón de mando de la nave, un whisky y la ventana panorámica de la cabina que le mostraba el espacio sideral en una tranquila armonía de estrellas y planetas. Era perfecto. Rasgueó las cuerdas tocando una tranquila melodía, con notas suaves que vibraban desde el amplificador de la nave hasta sus estresados y excitables oídos. En un momento de calma abrió los ojos y vio una sombra en la esquina de la panorámica. Cuando se inclinó curioso para mirar lo que era soltó un resoplido de furia.



- ¡Mossen! – Gritó.
Al momento se oyó un quejido dos habitaciones más allá. Brad tuvo la tentación de compadecerse de ella pero se contuvo. En principio le daba un poco de pena porque hacía mas de un mes que el cuerpo de la chica era el de una ancianita de ochenta años y todavía no se había acostumbrado a los achaques propios de la edad, pero pensándolo mejor se dijo que lo tenía bien merecido por meter las narices donde no debía.
- Que se joda – murmuró irritado.
Al cabo de un minuto y después de varios ¡ay! la ancianita en la que Mossen se había convertido apareció por la puerta vestida con un chándal rosa la mar de cuco.
- Esto es una mierda Brad – venía sujetándose los riñones con las dos manos y una mueca de dolor y de fastidio - ¿En serio no puedes hacer nada?
- Ni puedo ni quiero – dijo en voz queda con su tono autoritario de siempre.
- Que borde eres – le escupió con desdén.
- Te quedan un par de meses, así que más te vale ir haciéndote a la idea.
- ¡Jooo! – rabió casi hasta echarse a llorar.
Aunque su cuerpo de muñeca había cambiado sus contestaciones seguían siendo las de una mocosa de catorce años. Eso no cambiaba. Pero Brad estaba más contento así. Ya no tenía que lidiar con síndromes premenstruales y al tener la movilidad limitada la muchacha no se dedicaba a ir de un lado para otro toqueteándolo todo con sus manitas casi siempre sucias.
- Además tienes un problema.
- ¿Qué? – preguntó asustada temiendo haber roto algo y llevarse una regañina - ¿Qué he hecho ahora?
- Tienes que ir a buscar a tu rata.
- ¡No es una rata! – gritó con voz de pito y tan furiosa que le dio un ataque de tos. Se recordó que debía evitar movimientos bruscos y subidas de tono – A este paso me dará un infarto antes de cumplir los quince.
- Es tu problema – dijo tratando de ignorarla mientras afinaba la guitarra – Pero recoge a tu chucho.
- Es un PE – RRO – espetó. Era curioso como su tono infantil contrastaba sobremanera con su aspecto decrepito – P-E-R-R-O.
- Me alegro de que sepas deletrear perro... aprende ahora a deletrear rata por que es lo que parece.
La niña anciana resopló.
- ¿Dónde está?
Bradley señaló una esquina de la ventana sin ni siquiera molestarse para mirar en aquella dirección. Estaba muy ocupado con la guitarra. Mossen se acercó a la panorámica para mirar en un ángulo que antes estaba oculto para ella.
- Pero... – balbuceó lastimera - ¿se ha vuelto a escapar?
- Te aseguro que si le hubiera echado yo de la nave habría sido sin burbuja. – gruñó.
Unos instantes después apareció en mitad de la panorámica un alegre perrito, un Chihuahua para ser más exactos, blanco y de grandes ojos saltones. Estaba metido en una extraña burbuja de aspecto acuoso que se mantenía unida a la nave por un tubo suministrador de oxígeno. Dentro de la burbuja no había gravedad y el perro, que estaba del revés y con la lengua colgando, se lo estaba pasando bomba.
- Pero, pero... ¿Y cómo se escapa? – dijo descorazonada.
- Ni idea pero te toca ir otra vez a buscarlo.
- ¿Qué? ¿Yo? ¿Pero por qué yo?
- Principalmente porque yo no pienso ir. Es TU perro y dijiste que no me daría trabajo, así que andando.
- Pero Brad – suplicó - ¿me has visto bien? ¡Me romperé la cadera o algo peor!
Brad no contestó. La mujer trató de poner ojitos tiernos pero en su mente infantil no se daba cuenta de que el resultado de la maniobra puede ser muy adorable en una niña mona de catorce años pero bastante ridículo cuando se trata de una anciana desdentada.
- Pues que se quede ahí un par de horas... – concluyó enfurruñada – así aprenderá.
- Tú sabrás... Pero dentro de un rato quiero acelerar la nave y en unas tres horas más o menos pasaremos por un quasar. – se encogió de hombros – Si quieres que se te fría el perro...
- ¡Eres insufrible! – gritó frustrada. Brad la miró por primera vez en todo el rato con una mirada severa que hizo que Mossen se encogiera.
- ¿A que acelero ahora y no te doy tiempo para ir a buscarlo?
- Jo... ya voy.
Y se fue cabizbaja la ancianita y arrastrando los pies. Brad volvió a quedarse sólo aunque ahora concentrarse en la guitarra le era realmente difícil dado que el perro le había visto y trataba de llamar su atención lamiendo el cristal de la panorámica. Decidió darle la espalda. Definitivamente aquel perro le parecía una rata. Normalmente los chihuahuas tienen los ojos saltones pero aquel los tenia tan fuera de las orbitas que parecía a punto de explotar. Todavía no entendía como había dejado que Mossen le convenciera para quedárselo. Era sucio, ruidoso y ahora que ella había dejado de tener su energía acostumbrada no tendría tiempo de jugar con él. No le gustaban los animales y mucho menos los perros. Mossen se empeñaba en que sería buena idea hacer un número de magia con aquel perro canijo. El único que se le ocurría era el del perro partido por la mitad... pero sin truco. Era un hombre violento y todos los psicólogos itinerantes que había consultado le recomendaban imprimir más amor en todo aquello que le irritaba. El pensaba que no existía suficiente amor en el universo para cubrir toda esa irritación. Antes de volverse otra vez para contemplar al perrillo ya tenía cara de asco... claro que se le cambió al instante a una expresión de sorpresa al ver la escena que lo esperaba.
Del otro lado del cristal estaba la anciana Mossen metida en otra burbuja de aire con su ridículo chándal rosa fosforito. Su burbuja y la del perro se habían fundido y ahora estaba la mujer cabeza abajo con las piernas estiradas y sonriéndole sin dientes mientras hacia el signo de la victoria al puro estilo Nixon. El perro volaba a su alrededor y de vez en cuando se chocaba con su cabeza. Brandon frustrado se llevó las manos a la cara. Trataba de no reírse pero aquello era todo un espectáculo de circo. Era cierto que Mossen ya no daba la talla como atractiva asistente de mago, las lentejuelas y las minifaldas no le quedaban nada bien a su nuevo aspecto, pero por otro lado era perfectamente capaz de hacer un papel cómico sin tan siquiera proponérselo. Miró de nuevo al exterior y vio como la chica-anciana trataba de “nadar” en el vacío sideral para volver a la nave. No tenía fuerza. Brandon maldijo por lo bajo al darse cuenta de que ahora tendría que salir a buscarlos.
Su momento de paz había terminado.

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