18 junio 2009

A quien llorar

Recuerdo golpear la tierra aún agitada de tu sepulcro pidiendo una explicación.



Hay momentos en que los acontecimientos parecen tomar más control sobre nuestros actos que nosotros mismos. Somos otro, somos un desconocido.



Nos dejaste solos, al niño y a mí. Creo que estuve mucho tiempo enfadado contigo. No tenías la culpa pero me daba igual.




Que solo estaba, Dios mío.



Cada vez que miraba tu árbol en el jardín me llenaba de ira y estuve a punto de cortarlo con el hacha un par de veces, supongo que me frené porque sabía que me arrepentiría más tarde. Era lo único realmente tuyo que me quedaba.



Cuando recordaba el cariño que le tenías a ese maldito olivo y pensaba que quizá habías pasado más tiempo a su lado que conmigo, supongo que me llenaba de celos. Todas las fotos tuyas en el jardín se hicieron al lado de ese árbol, todos tus poemas los escribiste entre sus raíces, en el mismo sitio donde te pasabas horas interminables leyendo. Yo te espiaba desde la puerta de la cocina, agazapado tras las cortinas sonriendo como un niño en Navidad, eras un regalo. Estabas tan serena, tan preciosa, preñada y redonda como la luna.



Supongo que esta carta es para decirte que te perdono, que me perdono a mi mismo por odiarte tanto tiempo. Tú te marchaste sin querer y lo entiendo aunque siga sin aceptarlo. Al menos me dejaste a nuestro precioso hijo. Diste tu vida para que naciera por lo que supongo que es importante para ti que sea un buen padre, lo hago lo mejor que puedo aunque sin ti no quiera hacerlo. Me siento cansado incluso para sonreírle, para decirle que todo va bien. Aún así el crio es feliz. Sé que estarías orgullosa de los dos.



Ahora tiene tres años… me pregunto si lo sabes.



Tres años, madre mía cómo pasa el tiempo. Parece una eternidad y sin embargo siento que no he vivido desde que no estás. Él sin embargo está fuerte, muy sanote. Le puse el nombre de tu padre como querías.
No sé cómo decir esto. Ni siquiera en papel.



He visto al niño jugar en el jardín. Al principio, cuando era más pequeño me extrañaba un poco que siempre se quedara mirando tu árbol, que le sonriera. Su primera sonrisa fue para él. Creo que ahí tuve otro ataque de celos, perdóname.



Ahora ya sabe andar, es un bicho, tengo que perseguirlo por todas partes. Cada vez pasa más tiempo bajo el árbol, jugando entre sus raíces igual que tú lo hacías. A veces hasta le canta e incluso le he oído contarle cosas del colegio… Esto es una locura.



Le he visto abrazarlo algunas veces.



Pero…



He visto al árbol temblar cuando lo hace.



¿Qué debo pensar amor?



Ya sabe hablar un poco, pero cuando le pregunto me mira con carita culpable y no me sabe dar una explicación… Dice que es un secreto.



Esta carta es para pedirte perdón, para darte las gracias por no abandonarnos del todo.



Te quiero.

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